(Este post es la continuación de "Minutos de angustia")
Pasados los días, Diego no conseguía hablar con ella. Alexandra seguía inubicable, sin contestarle el celular. En dos ocasiones entró su llamada. Cuatros segundos duró como máximo la primera. Bien hablaba Diego, se cortaba la llamada entrante, así pasó con el segundo también.
Pasados los días, Diego no conseguía hablar con ella. Alexandra seguía inubicable, sin contestarle el celular. En dos ocasiones entró su llamada. Cuatros segundos duró como máximo la primera. Bien hablaba Diego, se cortaba la llamada entrante, así pasó con el segundo también.
El haberlo esperado más de dos horas, sentada en compañía de la madre de su entonces ex, no lo soportaba. Ese hecho hirió a Alexandra en lo más profundo de ella. Está muy confundido si piensa que lo voy a buscar otra vez. ¿Qué se ha creído?
Aquella vez, Diego tardó demasiado. LLegó a casa y no la encontró. Alexandra se fue molesta, hijito, ¿por qué te demoraste tanto?, le decía su madre, que tras la llegada de Diego, no se percató de que su retoño traía los pantalones húmedos, luego de haberse quedado atrapado en ese congestionamiento enloquecedor, sin dar señales de existencia.
Diego había hecho hasta lo que él creía imposible realizar, pedirle a la antipática de la prima de Alexandra el número de celular de su ex enamorada.
-Hola, qué tal, cómo te va. ¿Me puedes dar el nuevo número de Alexandra?-, así de directo fue. No tenía que irse con rodeos. Sabía que no iba a conseguir nada hablándole 'con franela en mano'.
- ¿Y tú para lo quieres?... No me digas que quieres volver con mi prima- respondía Mellisa, con su característica voz de niña engreida.
- Me lo puedes dar. Es para algo urgente.
- ¿Urgente?... ¿De qué se trata?, qué le haz hecho ahora.
- No te incumbe, ¿sí?-. Trataba de sobrellevar ese momento tan complicado. Diego sabía que iba hacer así de duro poder arrancar el 'bendito' número de los labios de esa víbora con cabellos rojizos y lengua fílosa llamada Mellisa. En su mente, le decía de todo: Oye maldita gorda pelirroja por qué no me entregas ya, y dejas de joderme la vida y hartarme la paciencia.
Luego de haberse tomado media hora lidiando con la chinchosa prima de Alexandra, consiguió el número. Por fin, tengo que ser cauteloso. Tampoco voy a llegar al límite de decirle que ese día me mojé en los pantalones y a raiz de eso no pude llegar antes.
Sabía que se había portado mal. No le costaba nada llamar a su casa esa noche y decir que no podía llegar. O pedirle a su mamá que le pasara con Alexandra. Si a las finales ella estaba en la casa de los Cárdenas Paredes, su familia.
Cogió el teléfono, marcó su número por enésima vez. Por fin le contestó alguién. Era la hermana de Alexandra.
-Aló...
-Hola, Lucero, ¿cómo estás?, está tu hermana.
- Hola, Diego, sí está, solo que no quiere hablar contigo, ¿qué le has hecho?...
-Aló...
-Hola, Lucero, ¿cómo estás?, está tu hermana.
- Hola, Diego, sí está, solo que no quiere hablar contigo, ¿qué le has hecho?...
-Sabes, no he hecho nada. No sé por qué está así conmigo-, mentía, sabía que le había hecho esperar, mas siguió mintiendo.
- Bueno, te contaré que toda la tarde ha estado hablando con Mellisa, así que imaginate que le habrá dicho. Yo solo escuché que tú habías ido a buscar a mi prima.
- Sí fui a su casa para pedirle el nuevo número de celular de tu hermana. No sé ni siquiera donde viven ahora...
Hablar con Lucero, la hermana mayor -por dos años- de Alexandra, le sirvió de mucho. Había recuperado a una antigua aliada. Conversó más de 30 minutos con ella, sin que se enterase su ex enamorada, que seguía en su habitación con la pelirroja de su prima. Ese tiempo le fue suficiente a Diego para que le contase detalladamente, lo que pasó con la relación que mantenía con Alexandra. Mas no consiguió lo que esperaba. La ex no respondió...
(Imagen: Bigibody, los agradecimientos del caso).

Me quitaste el sueño. Un bonito relato, con intriga, digno de la sobremesa. Estuvo tan bien que me quedè con las ganas y el final me saltó bien rapidito.
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