El ambiente está oscuro y ya han transcurrido 18 horas del sábado. Solo una luz tenue se deja ver a lo largo del pasadizo. Un réloj antiguo zigzaguea y rompe el silencio tranquilizante que abunda en el ambiente. En ese momento, sale en escena meneando su colita un pequeño perro de raza cruzada ( o, mejor dicho, fusionada como el origen de la mayoría de los limeños post migraciones de los años sesenta. Todo un mejunje. Un combinado siete colores como los platos que vende la "tía veneno" de cada colegio estatal o mercado central de distrito populoso. "Habla chino cholo").
Las casi ocho primeras líneas de este texto grafican la primera imagen que recuerdo de Bob, mi fuente de inspiración para el nombre que lleva este humilde blog que sirve escencialmente para el desperdicio de escritura que llamó redacción (mil disculpas a los que me leen, hago mi mayor esfuerzo por respeto a ustedes y a mi mismo). Estoy seguro que es la primera vez que trato de responder el porqué del nombre del blog. Solo por dos razones simples escribo estas líneas en este nuevo post del perro de Carlos.
La primera, para mala leche de la bola de incautos que barajaron diversas suposiciones sobre el nombre el blog, es para afirmar que si antes había pensado cambiar el título del blog ahora ya no será así. Este quedará inmortalizado en el mundo digital como homenaje a quien en vida fue el gran Bob, un maestro de maestros entre los mejores amigos del hombre. Así sucederá, cada vez que pongan en el Google; el perro de Carlos, aparecerá esta cosa llamada blog.
El gran Bob llegó a inicios de febrero y se robó el corazón de todos los Contreras. Este personaje-narrador pasaba unos momentos difíciles por líos con una chica. Pero como caido del cielo apareció esta cuadrúpeda bola de pelos y pulgas (pocas en realidad), orejas grandes, ojos claros, pelos color blanco con manchas marrones, mi perro. Mi Bob. ¿Por qué el nombre? Fácil. Llegó un febrero, mes en el que el maestro 'rastafari' Bob Marley vino al mundo. Así quedó decidido el nombre. Sin consulta democrática en casa. Todo de modo dictatorial. Algo que Bob siempre me lo agradecerá porque fue una buena decisión haberle puesto ese nombre. Lo sé... por algo mi perro amigo siempre paraba a mi lado. Era una manera de agradercemelo. Y pensar que se salvó de llamarse Blanco, Peluchín, Miedoso, entre otros espantosos nombres que barajaban ponerle a Bob en mi hogar, dulce hogar. Lugar donde todos se depiertan temprano para ir a trabajar o ir a estudiar. Donde mamá Trudy hace de desayuno sus ricos panqueques y despide a sus engreídos hijos con un beso y "te veo luego hijito, Cuidate".
La segunda razón del porqué escribo estas líneas es simple. Había dejado olvidado este espacio por mucho tiempo. Y eso no es bueno. Desde que empecé con este proyecto me prometí escribir y escribir. Y precisamente eso no lo estaba cumpliendo. En esta denominada reestructuración que he prometido realizar al Blog; El perro de Carlos trataré temas más... más... mejor siganme leyendo para que entiendan los cambios. Ah, ya no habrán más continuará, lo siento por lo de antes. **************************

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