Cuando el amor se acaba, lo mejor no es irse así nada más, tampoco decirse adiós, basta un hasta luego. Porque uno no sabe que pasará en el futuro...
Ellos quedaron en encontrarse, después de largos tres meses, para él. Se iban a volver a ver ante todo pronóstico. La última vez, Alex le había tirado la puerta del auto en la cara, luego de que ella le confesara que estaba saliendo con otra persona. La dejo sola con el taxista que tenía una cara de enfermo sexual. No le importó que le pasara a Vannesa, a bordo del taxi del sujeto con rostro de depravado. Para buena suerte de ella no le sucedió nada malo, ni tampoco pagó ni un sol por el viaje. Minutos antes Alex había cancelado por el recorrido. Reaccionó mal. Quedó con esa mala sensación que se nos viene, cada vez que perdemos algo que más queremos. Lo que pensamos que durará y que no será por mucho tiempo. Lo que odias a gritos pero aún así pasa. Las cosas terminaron de esa forma la noche nublada de mayo, que se vieron por última vez. Él no la quiso volver a ver. Pero no pudo. Se tragó el orgullo y aquella vez, un día previo al encuentro, le habló por el messenger.-Está en línea, haré como si no la conociera- pronunció Alex, sentado frente a su computadora. Estaba comiendo un pan con tamal, que había sobrado en el desayuno. Recién se había levantado. Era domingo.
Mediodía con un sol brillante y muy penetrante. Era la enésima vez, que se encontraban por internet. En todos los roces electrónicos, jamás se hablaron. Ambos tenían sus razones. Porsupuesto todo este embrollo perjudicaba su relación. En reiteradas veces, Alex reaccionó de esta manera. Haré como si no la conociera... Eso fue de boca hacia fuera, porque seguía babeando por Vannesa. Chequeaba que pasaba con ella, por el facebook; miraba las noticias -que eran publicadas por el hotmail- sobre ella. Siempre lo hacia. Cantaba, a gritos más no poder, las baladas que antes odiaba y las veía como muy cursis. Porque Alex es así, odia en, un principio, todo lo que le parece tonto y después lo acepta.
Odiaba levantarse temprano, consiguió un buen trabajo y se acomodó a la rutina. Odiaba cocinar, tuvo que aprender por necesidad. Odiaba a los taxistas, tuvo que subirse -en reiteradas veces- al transporte de uno de ellos, para no llegar tarde al sitio pactado. Es así. Todo lo iba aceptando sin darse cuenta. Caía en su propio laberinto. Hasta un día, odió ser un arrastrado con Vannesa. Hizo la promesa de no seguir con eso que iba en contra de sus prinicipios. A las finales se tuvo que acomodar a la situación que afrontaba.
Alex Zuñiga, acaba de iniciar sesión, fue lo que leyó Vannesa. Estaba revisando unos documentos en su computadora. La oficina estaba vacía. Libre de la bulla diaria. Le tocaba trabajar ese domingo. Ella estaba molesta por la forma de cómo la dejó Alex en el taxi. En el fondo, sabía que se lo merecía. Al ritmo de una balada de Los enanitos verdes se puso a recordar una vez más, lo sucedido con Alex. La ocasión cuando le confesó que salía con otra persona, Vannesa no aguantó la reacción patanesca de su entonces enamorado y le importó un cacho lo que pasara con él. Pero, ya habían pasado cerca de tres meses. Pensaba que era mejor, no hacer tanto drama. Tenían que quedar como amigos y dejar los resentimientos de lado. Por eso no dudó en decirle hola.
Vannesa dice:
-Hola, Alex, ¿cómo estás?
Esperaba una respuesta. Sabía que era algo difícil. Conocía a Alex muy bien. Él es de los tipos que se resienten muy rápido, pero en el fondo perdonan. Era cierto, Alex decidió responderle.
Alex dice:
- Hola, bien. Gracias.
- Cómo te ha ido- respondió Vannesa.
- Ahí, ajetreado, entre los dos trabajos, me doy algo de tiempo y ¿tú?
- Algo mal en el trabajo, mi jefa me tiene entre ceja y ceja. Tú sabes...
- Sí, pues. Ha pasado bastante tiempo, ¿no?- escribió Alex. No estaba para rodeos. Quería hablar de lo que había pasado ese día. Tenía que sacarse esa duda. Saber si fue la mejor decisión, dejarla abandonada en el taxi.
- Es cierto, no quise que suceda esto. Pero, me sorprendió que reaccionaras de esa forma- dio respuesta a la pregunta, Vannesa. Se estaba preparando una taza de café.
- Sí, lo siento, pero fue un arranque para defender mi orgullo. Tú sabes muy bien como soy.
- Por eso, porque te conozco, me sorprendí.
- Sí...
De los mensajes que se respondían al instante, pasaron a una pausa larga. Alex creyó correcto aclarar ciertos puntos. Vannesa quería ser lo más sincera posible con él. Los minutos pasaron así. Diez minutos después del último mensaje, decidieron encontrarse el día siguiente.
(Continuará)
(Imagen de educima.com, los agradecimientos del caso)


