(Continuamos con el relato inicial -"Minutos de angustia"- que cada vez se amplía más)
Cosas del destino impredecible. Inevitable hecho que tenía que suceder. En tres ocasiones se pusieron a hablar sin parar. Habían transcurrido siete días, de la última vez que preguntó por su ex. La conversación por teléfono duraba no menos de dos horas. Diego la llamaba y perdía la noción de todo. Cómo es el tiempo de acelerado cuando conversas con el ser que te simpatiza. Las horas se te pasan en un dos por tres. Justo eso sucedía con él, cada vez que charlaba a través del hilo teléfonico con Lucero. No le importaba que fuera la hermana de Alexandra, su ex enamorada. Esta última, no le contestaba la llamada. No mostraba interes alguno en regresar con este flaco de 21 años que no pasaba el metro sesenta y cinco de altura. Éste terco como una mula intentaba hablar con ella, su reciente antiguo amor universitario. No lo conseguía. Contestaba su hermana y automáticamente él pedía hablar con Alexandra. Así pasó la primera y la segunda vez que llamó a casa de ésta. La tercera ya no fue así.
-Hola, Lucero?...
- Sí, quién habla-, respondió Lucero. Fingió no reconocer la voz de Diego. Sabía que era él. Quiso hacerse la desentendida. La interesante.
- Soy Diego...
- Hola, cómo te va.
- Bien, gracias, y ¿tú?
- Ahí... pasándola. Llamas por Alexandra, ¿no?
- No, llamé por ti.
-¿Qué?...
- Lo que pasa es que la última vez no terminamos la conversación.
- Ah, si pues, no acabamos. La hora avanzó muy rápido.
- Sí, creo igual. Sabes me pareces una chica muy interesante. Me gustó hablar contigo esa vez. Fue más de media hora, ¿no?
- Sí, a mí también me agradó. Pero no crees que está mal que hablemos. Mi hermana puede pensar otra cosa...
Lucero sabía muy bien que Alexandra se iba a molestar. No le interesó. Sentía una atracción por Diego. Le caía muy bien. La pasaba de mil maravillas cuando hablaba con él por el teléfono. Trataba de mirarlo no como el ex de su hermana sino como el pata con el que podía salir y podría iniciar una relación de enamorados. Sí ella no quiere nada con Diego, no veo que problema hay que yo conversé con él. Lucero se encontraba soltera desde hacía cuatro meses. Había terminado con su pareja porque se aburrió de la monotonía. No intentó salvar la relación de cuatro años. Se puede decir que fue lo mejor que hizo. Su entonces novio -porque estaba comprometida- la engañaba. Llevaba una doble vida. Ella no se llegó a enterar.
Ahora le agradaba la idea de compartir momentos con Diego, así fuese solo por teléfono... Porque, al igual que su hermana, no tenía celular.

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